PADRE

 

Mi padre tenía un secreto. Era un secreto sobrehumano. Él pensaba mientras se cepillaba los dientes. Se despertaba muy temprano en la mañana para ver a su mujer y sus hijos durmiendo. Retiraba los demonios de la casa y, en silencio, salía con su perro. Aquella figura del hombre con su perro era triste para los vecinos, pero ellos no sabían que todos los espíritus estaban allí entre los dos. Mi padre vivía en el margen de lo sobrehumano.

Él era como una calabaza gigante – gorda, redonda, llena de semillas. Él cocinaba solo y daba algunos pedazos a su perro; lo que no servía, enterraba en la tierra negra. Él cruzaba las encrucijadas sin miedo.

Mi padre tenía un arma. Arma de fuego mata espíritus malignos. Arma de fuego mata. Pero él no necesitaba valerse de ella porque conocía de cerca a todos los espíritus malignos. Mi padre conocía a los espíritus malignos. Él no pensaba en otra cosa que no fuera la protección de los hijos, de la mujer y de la casa. Su hijo del medio: la pereza en persona; su hija menor: la muñeca en persona; el más viejo: el cuidador; su mujer: el amor dolorido y silencioso.

Mi padre no escribía su nombre, era otro ignorante. Pero él no tuvo ganas de escribir. Él tenía ganas de no escribir. Y no escribió.

Nadie tocó a sus hijos o a su mujer. “Nada de tocar a mis hijos o a mi mujer”. Nada de tocar. Mi padre tocaba poco, él era una gran puerta. Abrió el Camino en la Mata, se volvió el Viento en el Desierto, arrojó agua en la Estatua de Sal, separó el Mar Rojo. Mi padre retiró la Montaña del lugar para que los hijos pasaran, porque su mujer, él la traía en los hombros.

Mi padre era fuerte, tenía músculos, un montón de ellos. Mató al Dragón de arriba de su caballo y creó un perro, tres hijos y una mujer. Se calló, se quedó sordo también. Creó venas podridas en las piernas porque no quería vivir tanto. Estaba cansado de quedarse por aquí. Lo que realmente quería era ver todo desde lejos. Se lanzó al mar para quedarse allí. Fue mi padre quien se lanzó al mar y creó su piedra. Mi padre tenía un secreto. Él era una sirena.

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Traducido con Emiliano Sagario